Anotaciones impreSizas
(A propósito del proyecto para Rosario dirigido por Álvaro Siza)

Portugal
Así como suele decirse que si uno conoce Lisboa disfrutará más aún la obra de Pessoa, conociendo Portugal, la Europa vieja, se comprende la singularidad de la obra de Siza. La sobriedad de sus trabajos refleja el modo de ser del portugués: silencioso, pausado, respetuoso, incesante. La localización periférica de Portugal, pequeña extensión entre umbral y puerta del continente, fisura en el tiempo y atraso tecnológico respecto del deslumbrante progreso que impera en el resto de Europa, han originado la posibilidad de definir la especificidad de la arquitectura portuguesa, basándola en la voluntad de crear metodologías seguras, más atenta a brindar espacio para lo valioso que en demorarse en cuestiones accesorias. Sustentada con cosas reales, apremiada por la necesidad de dar respuestas a requerimientos de programas, presupuestos y sitios, y a voluntades de creadores, clientes y burócratas, la arquitectura portuguesa se constituyó en una verdadera tradición de pragmatismo con más fuerza, en ocasiones, que la de su propia tradición cultural.

El dibujo
La verdadera entidad de la obra de Siza nunca está en los planos (sí en sus croquis). Es necesario trasponer el límite del trazo y la regular superficie blanca para encontrarse con la realidad de la imagen, o la imagen de lo real. La espacialidad y las situaciones que descubrí al recorrer algunos de sus trabajos poco tienen que ver con lo que se percibe en sus plantas. Nunca más justas las palabras de Quetglas: “... es absurdo suponer que los dibujos en planta describan su arquitectura. ¿Cuál es la planta del espejo? No la sección del cristal. ¿Cuál es la planta de Lo que el viento se llevó? No la sección de la pantalla donde se proyecta. ¿Cuál es la planta de Las Meninas?”. Las plantas nunca podrán trasmitir el espacio de Siza, puesto que la verdadera fuerza de su obra está en su emplazamiento real, en el encuentro de los elementos, y en el de éstos con el paisaje.

El espejo
El poeta Enrique Molina escribió: “El misterioso mercurio que convierte ciertas páginas de arquitectura en un espejo capaz de reflejar las más reveladoras imágenes del sueño y de la tierra, suele, a menudo, disolverse con los años para dejar sólo un papel amarillento, unas fotografías carbonizadas. Era falso”.
Álvaro Siza responde: “El objeto perfecto sería un espejo sin marco ni bisel -el fragmento de un espejo-, sobre el suelo o apoyado en la pared. En él un miope observa formas, sombras en movimiento, reflejos de reflejos. Así se alimenta el dibujo”.
Tal como este espejo incesante, las obras de Siza son generadoras de imágenes y sensaciones novedosas para el observador, además de saber convocar aquellas que éste atesoraba en su memoria. Quizá porque desde el inicio sus trabajos cobran una inusitada fuerza: “En determinado momento el proyecto gana vida propia. Entonces se transforma en un animal voluble, de patas inquietas y ojos inseguros. Si no se comprenden sus transfiguraciones, o si sus deseos son satisfechos más de la cuenta, se vuelve un monstruo. Si todo cuanto en él parece evidente y bello queda fijado, entonces se vuelve ridículo. Si está demasiado contenido deja de respirar y muere”.
En estas afirmaciones puede hallarse el secreto que hace que el mercurio no desaparezca de sus obras.

Leer el sitio
“Empiezo un proyecto cuando visito un sitio. (...) Otras veces comienzo incluso antes, a partir de la idea que tengo de un sitio (una descripción, una fotografía, algo que leí, una indiscreción). (...) Un sitio vale por lo que es, y por lo que puede o desea ser, cosas quizá opuestas pero jamás sin relación una con otra”.
De esta misma manera comenzó el proyecto para Rosario: preguntando acerca del programa, el entorno, las orientaciones, el ángulo del sol, las lluvias. Interpretando el sitio. Tratando de encontrar condicionantes, limitaciones, porque la dificultad en este caso estaba dada por la libertad y las dimensiones generosas del terreno respecto a la superficie requerida. “Lo difícil de este proyecto es que se puede hacer cualquier cosa. Esto es América.”- decía.
Las posibles objeciones del comitente eran siempre esperadas y bienvenidas por él (“¿Qué dijeron ellos?”, era su incansable interrogación), ya que los problemas eran considerados como estímulos para ejercitar su ingenio. Su opinión acerca de la inespecificidad del programa del Pabellón de Portugal expresaba ya esta actitud: “... la expresión arquitectónica de un edificio no puede ser totalmente desarrollada cuando no se sabe cuál es el programa futuro. O sea, cuantos más condicionamientos existen en un edificio, mayor es la posibilidad de conquistar la libertad”. Con este entramado de deseos (los del sitio, el cliente y los propios) Siza dio vida a un nuevo “animal voluble, de patas inquietas y ojos inseguros” para Rosario.

La mirada
La mirada de Siza -tal como a él le gusta definirla- es la del descubridor: renueva la alegría de ver todo por primera vez. Tiene una capacidad inagotable de convertir lo cotidiano en algo extraordinario, de contemplar las cosas como una revelación permanente, de devolverle a los objetos de todos los días su perdida originalidad al colocarlos en contextos inesperados (¿a qué otra cosa más que a una lona extendida nos recuerda la cubierta del Pabellón de Portugal?).
Aun cuando, de tanto en tanto, retoma ciertos temas -como lo hacen otros artistas-, éstos aparecen para poner en valor nuevamente soluciones ya utilizadas, como un eco que se continúa, un ritmo secreto que anima y recorre todas sus obras.

En proceso
Durante el proceso de diseño, materiales, espacio y sitio constituyen un todo indivisible para Siza. Pasa constantemente de la pequeña a la gran escala, resuelve el encuentro entre el mármol que reviste la columna y la carpintería, mientras proyecta el auditorio para doscientas personas, dándole a ambos la misma jerarquía. Tanto lo grande como lo pequeño requieren para él la misma atención, puesto que todo cuenta: “La importancia del edificio no tiene que estar dada por la altura del mismo. Las casas de Wright son bajas y con sus techos tienen mucha presencia”; con esta convicción decidió, por ejemplo, concebir este proyecto en una sola planta.
El planteo inicial no varió mucho respecto del resultado final. A pesar de que en la distribución en planta se podían vislumbrar algunos recorridos, nunca imaginé que encerraban la riqueza y complejidad espacial que finalmente logró.

El ser de las cosas
En ocasiones, luego de recorrer la maqueta con la mirada, se detenía ante una resolución volumétrica que le parecía poco feliz para expresar: “No está mal, pero es triste, los edificios no deben serlo; las personas son tristes”.
Recordé unos versos de Fernando Pessoa: “Las cosas no tienen significado: tienen existencia./Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.”

El maestro portugués
Antes de mi encuentro con Siza leí todo cuanto pude acerca de su obra; luego, visité muchos de sus trabajos. Quizá por esto, en la primera etapa del proyecto sentí que era sencillo comprender su manera de proyectar: el planteo era lógico, la planta del edificio respondía a las funciones, orientaciones, jerarquías de calles. Cuando comenzó a tallar el edificio, en cambio, sentí que era inalcanzable.

Arq. Mariel Suárez