Adalberto Dias : La identidad del cambio

El 25 de Noviembre, el arquitecto Adalberto Dias, cerró el ciclo Presença Portuguesa, realizado en el Parque de España de la ciudad de Rosario.

A diferencia de Byrne y Carrilho, Dias proviene de la escuela de Porto, a la que ha permanecido fiel hasta hoy, fidelidad que no pocos lisboetas profesan también. Su importancia y su trascendencia –no sólo en Portugal, sino en el contexto de toda la arquitectura contemporánea- fue puesta de manifiesto en el trascurso de este ciclo.

Con una fuerte presencia en el norte del país, la cultura arquitectónica portuguesa estuvo siempre estrechamente ligada a la Escuela de Porto. Por los años setenta, mientras en Europa se extendía la pretensión de revitalizar los valores del pasado –pretensión a la que adhirió la Escuela de Lisboa-, la escuela de Porto se situó a contracorriente de la tendencia imperante, dándole continuidad a una arquitectura ligada a los valores portugueses y al proyecto de modernidad del siglo XX. Por otra parte, a partir de la segunda mitad de los años setenta, Alvaro Siza comienza afirmarse como una figura de primer plano en la arquitectura mundial, ejerciendo una notable influencia sobre colegas y alumnos.

Ya en los ochenta, la Escuela de Porto reafirma las diferencias entre los maestros de las generaciones del 50 y el 60, proponiendo una diversidad de caminos en la práctica arquitectónica que contraría la tendencia unitaria.

Lo cierto es que las Escuelas de Porto y de Lisboa, con sus divergencias y convergencias,
ofrecen la posiblidad de enunciar algunas vertientes de evolución que ha seguido la arquitectura portuguesa, en las que aparecen sus principales exponentes. Ellas son: un Ecleticismo pragmático, donde se cruzan el neomoderno y la aceptación crítica del regionalismo (Gonçalo Byrne); una Modernidad radical, fundada en el sentido del sitio y de la escala de las intervenciones (Fernando Távora, Alvaro Siza, Souto Moura, Carrilho da Graça, Adalberto Dias); Tipologías simples y tradicionales transgredidas y reinterpretadas (Fernando Távora, Alvaro Siza, Gonçalo Byrne) y Tipologías complejas y libres (Carrilho da Graça).

Adalberto Dias ha trabajado durante siete años junto a Siza, a quien considera su maestro, y en su obra aparece la huella que esa experiencia ha dejado. La suya es una arquitectura que no está dispuesta a despojarse de sus certezas, que se mide con lo que sabe, que no se aventura a seguir pistas difusas, incluso pistas falsas, que no corre ese tipo de riesgos. Una arquitectura que no necesita caminar fuera de su red conceptual para realizar una obra contemporánea. Una arquitectura que no desecha lo hecho anteriormente y se angustia por el encuentro entre lo nuevo y lo existente, entre el interior de una ventana y el paisaje, entre el plano horizontal y el vertical.

Con un recorrido que comenzó con la presentación de su último proyecto (la recualificación de un área de la ciudad de Porto, en términos de equipamiento urbano, veredas, plazas) y terminó con su primer proyecto (el diseño del jardín de una casa), se hizo evidente el mismo compromiso a pesar del cambio de escala. Visiblemente consustanciado con una noción contextualista y exhibiendo la atenta lectura del sitio que ya encontráramos en sus colegas, afirmó, mientras mostraba algunas imágenes de un proyecto emplazado en el casco histórico de Porto: “Es la ciudad existente la que diseña la nueva arquitectura”.

Tal vez esta convicción explique el interés que demostró por la muestra del diseñador gráfico América Sanchez, que en aquel momento se exponía en las galerías del Centro Cultural Parque de España. Verdaderamente atrapado por una de las diez estrategias gráficas allí presentadas –“cambiar para no cambiar”- manifestó que sentía que esa concepción tenía que ver con lo que él se plantea en ciertas ocasiones en lo atinente a su arquitectura. El cambio como estrategia para legitimizar una identidad, en el fondo, inalterable. Me recuerda una opinión de John Cage: “No es necesario renunciar al pasado para entrar en el porvenir. Al cambiar las cosas, no es preciso perderlas”.

O, tal como lo dijera el propio Dias: “Hay que saber lo que debe quedar y lo que debe ser transformado”.

Arq. Mariel Suárez