Anotaciones (A propósito de la conferencia para Rosario a cargo del arquitecto Gonçalo Byrne)

El Arq. Gonçalo Byrne está sobre el escenario del Auditorio del Parque de España, en Rosario. Si bien su apariencia está en consonancia con el apellido anglosajón -rubio, ojos claros-, unos pocos gestos pausados y algunas palabras bastan para que la ce cedilla del nombre cobre una significación poderosa y acalle todas las dudas: estamos frente a un portugués.
Puede decirse que este contraste entre el nombre y el apellido es propio de una tierra como la suya, en la que confluyen múltiples diversidades. Pluralidad de geografías y complejas raíces culturales en las que se encuentran civilizaciones como la fenicia y la romana, la celta y la islámica, han sabido encontrar su expresión en la arquitectura, rica no sólo en la utilización de diferentes materiales, sino también en sus formas de emplazamiento, en estrecha relación con los paisajes y las regiones en la que se encuentra. La arquitectura vernácula ha incluído el encuentro de Oriente –India, Japón- con América del Sur y Africa, cobrando una universalidad que, sin embargo, conserva su propia identidad.
Esta vocación integradora ha sido explicitada por el arquictecto portugués Souto de Moura, en palabras referidas a la tradición conquistadora de otros tiempos:
“Los portugueses somos así: los que conquistaron Brasil, se volvieron brasileños. Vale decir, que conquistaban no a través de la subordinación, sino que se mimetizaban, se adaptaban”.
Este espíritu de adaptación es el que anima la labor de los arquitectos portugueses. En las bellas palabras de Siza: “El arquitecto deberá desdoblarse en ama de casa, portero, criada, mujer soltera, cocinero, rey... testeando mentalmente cómo es que la construcción sirve a las personas”.
A todos ellos, Byrne agrega un personaje más: el del paseante, en el tiempo y el espacio. Ahora nos muestra uno de sus proyectos: hasta llegar a él, deberemos pasar por ver la ciudad como la ven los pájaros: completa, compleja y desde el aire. El ojo del viajero afina lentamente la perspectiva. Se detiene en callejas todavía lejanas, se extravía en la historia de una casa que ya no está, pero cuya presencia recupera a través del recuerdo, integrándola a la visión. De a poco, con tiempo para saborear pequeños detalles y vidas anónimas, el paseante llega hasta el lugar en el que se levantará su próxima obra. Recorriéndolo en espiral, Byrne atrapa el paisaje circundante y lo hace confluir en su proyecto, no sólo como punto de partida, sino también como parte integrante del resultado final (el rol de importancia que el paisaje asume en la arquitectura portuguesa, es por todos conocido y abundan los ejemplos; yo quisiera destacar tan sólo uno: el diseño de las ventanas está determinado por una mirada que parte desde el interior, mirada que va en busca de una colina, o de un plácido amanecer sobre el mar. Las ventanas comunican el interior con la belleza del exterior, desdibujando los límites de ambos reinos).
Volviendo a Byrne, esta intensión se hace explícita en obras como la del Complejo Turístico, Centro de Investigación Oceanográfica y Club Náutico del Cais do Carvao, en Madeira. Haciendo uso de las pre-existencias del lugar – una colina que desciende de manera irregular al mar por el norte y una línea sinuosa de roca negra y porosa en contacto con el océano-, Byrne elabora su proyecto incluyendo estos elementos, de manera tal que las intervenciones que hace son un puente entre el territorio y el mar. Así, su obra reafirma la estricta ligazón que el paisaje mostraba con el Atlántico antes del emplazamiento y lo enriquece con nuevas perspectivas que no dejan de atraer las móviles aguas a la quieta presencia de la obra, que aparece encastrada en la roca.
Con un paisaje totalmente diferente, la lectura atenta del lugar vuelve a aparecer en el Conjunto Residencial de Casal das Figueiras, en Setúbal. Aprovechando las circunstancias topográficas –la línea quebrada que ofrece el perfil de la colina-, y la intervención del hombre –unos molinos de viento en la cumbre del monte-, Byrne los toma como punto de referencia y alínea a partir de ellos los bloques de habitación, siguiendo las curvas de nível. Para quien se sitúa en la base de estas colinas, el resultado se parece más a un tren, pero también podrían ser troncos caídos, o esculturas, antes que viviendas. Con una gran economía de recursos, Byrne abre todo un universo de posibles referencias, invitando a la imaginación del espectador a elegir cualquiera de ellas para definir aquello que ve.
El esmero puesto en entender el territorio sobre el que se levantan sus obras, parece estar en relación con una cita de Siza que destacó Byrne en su charla. Esta es:
“En determinado momento el proyecto gana vida propia. Entonces se transforma en un animal voluble, de patas inquietas y ojos inseguros. Si no se comprenden sus transfiguraciones, o si sus deseos son satisfechos más de la cuenta, se vuelve un monstruo. Si todo cuanto en él parece evidente y bello queda fijado , entonces se vuelve ridículo. Si está demasiado contenido deja de respirar y muere”.
De ella, Byrne subrayó la vulnerabilidad primera de todo proyecto, vulnerabilidad que tal vez intente conjurar por medio del detalle con que analiza el sitio pre-existente y la maestría para leer no sólo los accidentes del terreno sino también su historia. Pero, lo más interesante de destacar es su manera de entender el territorio y el uso de éste como fuente de soluciones para la implatación de la obra. Esto se destaca claramente en proyectos como el de Fátima y como el de Setúbal, donde existe la voluntad de no modificar el paisaje: el vacío como entidad de la explanada existente en Fátima, y el edificio como reafirmación del perfil de la colina, en Setúbal. En mi opinión, estas son estrategias que no sólo responden al programa sino que se presentan como un objeto escultórico, más preocupado en relacionarse con el paisaje que en expresar su contenido.
Siza ha sabido quejarse de la opinión común que excluye a la arquitectura de las artes. Lo ha dicho así:
“La arquitectura cada vez es más difícil. Hay tantos problemas...No se acepta como arte. Es casi un tabú decir que la arquitectura es un arte. Hoy en día, la calidad arquitectónica provoca, a menudo una reacción negativa, por lo que algunas veces necesito detenerme y ponerme a dibujar. También me interesa mucho la escultura. Sé que Richard Meier hace escultura. Y también otros arquitectos. Probablemente tienen la necesidad de expresarse más libremente que con la arquitectura”.
Lo más interesante, es ver cómo en el proyecto de Setúbal y en el de Fátima, el joven Byrne y el profesor se encuentran. Separados por 30 años de profesión, vuelven a tener una actitud fuertemente escultórica. Estos proyectos, producen la sensación que Borges identificaba como propia del arte:
“... ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música...es quizá, el hecho estético.” P. 473
El joven Byrne aprendiendo del profesor,el profesor nutriéndose del joven Byrne. Esta alquimia es la que me hace suponer que será muy interesante esperar sus próximos trabajos.

(La presencia del arquitecto Gonçalo Byrne el día jueves 16 de Septiembre, abrió el Ciclo “Presença Portuguesa”, organizado por el Grupo R. La próxima visita es la del arquitecto Joao Carrilho da Graça el día jueves 21 de Octubre en el auditorio del Centro Cultural Parque de España en Rosario).

Arq. Mariel Suárez