El 21 de octubre el Arq. Joao Luis Carrilho Da Graça visitó Rosario para participar del ciclo “Presença portuguesa”, invitado por el Grupo R. Su charla, lejos de detenerse en exponer detalles o construir análisis exhaustivos, nos permitió en cambio, apreciar su trabajo mediante la recorrida a unas quince ó veinte obras. Sostuvo esta elección diciendo que, por ser ésta su primera visita a nuestra ciudad, prefería ofrecernos una panorama global de su quehacer, dejando para una nueva oportunidad otro tipo de acercamiento.
Una decisión acertada, puesto que gracias a ella pudimos conocer una producción prolífica, toda ella de calidad homogénea y de gran coherencia formal. Las obras en cuestión –no sólo construidas, sino también proyectos, muchos de ellos premiados en concursos- cubren, un amplio espectro de tiempo: desde el 90 – con la Piscina Municipal de Campo Maior-, hasta hoy.


Espacio para lo valioso
Éste es el título de un texto de Walter Benjamin, cuya lectura me hizo pensar en la arquitectura de Carrilho Da Graça. Si bien la cita es larga, su belleza la justifica:

“En los pequeños pueblos del sur de España la mirada penetra en el interior de las casas a través de puertas abiertas con cortinas perladas y recogidas y en la penumbra se destaca, deslumbrante, el blanco de las paredes que se pintan muchas veces por año. Delante de la pared posterior, hay, por lo general, tres ó cuatro sillas, cuidadosa y simétricamente ubicadas, alrededor de cuyo eje central se mueve la lengüeta de una balanza invisible en la que la bienvenida o el rechazo pesan lo mismo en los platillos. Ahí paradas, sillas modestas en su forma, pero de un enrejado llamativamente bonito, de ellas pueden deducirse muchas cosas.”
“Pero son mucho más que sillas. Cuando el sombrero está colgado del respaldo, su función cambia de inmediato. Y dentro del nuevo grupo es tan valioso el sombrero de paja como la simple silla. (...)En mayor o menor medida, todos estos objetos son valiosos. Y el secreto de su valor es la sobriedad, esa estrechez del espacio vital dentro del cual no sólo ocupan el lugar que tienen momentáneamente sino que tienen la capacidad intrínseca de ocupar todos los nuevos sitios a los que se los llame. La frazada con que su morador se cubre de noche es valiosa en la casa donde no hay cama, la almohada que se pone sobre el duro suelo es valiosa en el carro donde no hay colchón. En nuestras casas bien provistas, en cambio, no hay espacio para lo valioso, porque no hay un lugar libre donde pueda brindar sus servicios”.

Con frecuencia, se observa en las obras de Carrilho un planteo clásico en planta, en dos dimensiones, planteo que en la altura se complejiza. Las expresiones geométricas de las que se sirve, encierran la secreta dificultad de lo sencillo. En sus proyectos esas formas encuentran –como las sillas del relato- espacio para demostrar lo que valen, asumiendo múltiples funciones, respondiendo a diversos problemas. La novedad de Carrilho pasa menos por la forma en sí, que por la inesperada variedad de usos que puede extraer de ella.
Como en esas casas del sur de España, las obras de Carrilho se abren hacia el paisaje, lo integran y le proporcionan nuevas perspectivas para disfrutarlo. El mismo Carrilho nos dice:
“... cuando se construye se hace una operación de fundación o de creación de referencias, no sólo en el sentido material o físico, sino de la misma manera que cuando se trata de hacer un poema o de colgar una fotografía.”
Hay un gusto por dejar que la mirada se pierda en grandes extensiones de océano, o en colinas distantes. Las obras de Carrilho ocupan el paisaje de una manera poco frecuente: no tratan de llenarlo hasta la asfixia, sino que parecen darle espacio al espacio y hacer del vacío un valor.

Anecdotario
Luego de la charla, en los días sucesivos, pudimos pasar unas cuantas horas en compañía de Carrilho y, en un clima distendido, seguir conversando sobre arquitectura. Transcribo aquí algunas situaciones y opiniones que, creo, son muy significativas.

La lección del maestro
Hablando de Siza y de su "dossier" de soluciones acerca de aspectos constructivos y formales -soluciones que utiliza en diversas obras-, se le preguntó si él también disponía de un catálogo similar. Respondió que eso lleva su tiempo, aunque está trabajando para lograrlo. Sin embargo -por ahora- cuando intenta trasladar un mismo detalle de una obra a otra, por lo general, no queda bien.

Arquitecto portugués, arquitectura ¿portuguesa?
Carrilho no está seguro de que exista algo que podríamos denominar "arquitecturas locales". Cree, más bien, que una obra responde al territorio, la topografía, la resistencia del suelo, el clima, y no a una abstracción conceptual. Por eso cuando se le preguntó si estaba interesado en recorrer la ciudad y visitar algunos edificios, respondió que sentía más curiosidad por conocer a las personas que a las obras -las personas, adujo, son de tal o cual lugar; la arquitectura es, en todas partes, arquitectura. Esto me recordó la postura de Borges en su ensayo El escritor argentino y la tradición, en el que afirma que no se es más argentino por restringir la elección de temas a los vernáculos, o abundar en el color local o en la utilización de palabras nativas o lunfardas al escribir. Simplemente, dice: "Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama creación artística, seremos argentinos y seremos, también, buenos o tolerables escritores".

Dibujos versus Maquetas
En cuanto al proceso de diseño, Carrilho contó que comienza el proyecto con una idea que acompaña con una serie de maquetas de estudio. Cuando alguien opinó que creía que de esta manera se perdía mucho tiempo, que era más rápido imaginarse el proyecto y dibujarlo, repentinamente, apareció con un par de cajas de cigarrillos, un encendedor y una cajita de algún remedio que encontró por allí, y dijo: "¿Ven que rápido es?", mientras apilaba estos elementos, armando lo que podría ser la primera idea para algún nuevo proyecto.

Diferentes resistencias
Preguntándole acerca de las soluciones estructurales para hacer posible grandes vanos y voladizos, respondió que su equipo de ingenieros y él tienen la teoría de que lo que se sostiene en la maqueta también se sostendrá en la obra real. "Por cierto -dijo-, el hormigón es más resistente que el cartón".

Medianeras
Le gustaron las medianeras de nuestra ciudad: grandes superficies de ladrillo, ciegas. Preguntó, interesado, cómo es que se sostenían esos enormes muros. Quizá esta fascinación es la misma que se puso en evidencia en aquella maqueta que construyera para el concurso de "Porto Capital de la Cultura", en la que el terreno triangular sobre el que se ubica el proyecto -a unos pasos de la Torre de los Clérigos- queda enmarcado, solamente, por las medianeras de los edificios que lo rodean.

Definición
Le pareció acertado y le agradó que Byrne lo definiera como un arquitecto que lleva el racionalismo al extremo, esto es, que toma la herencia del movimiento moderno, pero no de un modo dogmático. Para enunciarlo en términos menos específicos: se nutre de él y lo transforma en proteínas para crear nuevos proyectos.

Buen observador
"¿Por qué todas sus obras son iguales?", le preguntó un alumno luego de una conferencia. Comentó que fue la peor pregunta que le han hecho. Se me ocurre que el alumno tomó por "igualdad", lo que Benjamin llama "sobriedad".

Silencio
Cuando le encargaron el proyecto del Pabellón de Conocimiento de los Mares, para la Expo-Lisboa '98, se propuso hacer un proyecto "silencioso", porque imaginó que, sólo con la gran cantidad de participantes que el evento reuniría, habría ya demasiado "barullo". Quiso aportar "tranquilidad" a un lugar donde todos estarían inmersos en la agotadora tarea de mostrarse. Logró, por contraste, una notoriedad mayor que la que habría alcanzado siguiendo la estrategia de algunos otros.

Arq. Mariel Suárez